Tokyo, Japón
Un país ubicado en el continente asiático, por lo que, sería evidente el cambio repentino entre culturas.
Tokio fue la ciudad en la cual me hospedé, presentando una gran cantidad de personas por sus alrededores, gran variedad de tiendas de todo tipo, cafés con temáticas variadas, grupos de estudiantes hablando efusivamente, luciendo sus llamativos uniformes. No sé podía esperar menos de la gran ciudad, la cual por la noche se volvía un lugar muy brillante por la gran cantidad de anuncios o carteles luminiscentes.
El día que llegue lo único que hice fue admirar la ciudad y dormir en el hotel donde me estaba quedando, pero al día siguiente me aliste para ir a ver el Sanno Matsuri, el cual es una celebración que rinde homenaje a las deidades sintoístas que protegen a Tokio.
El contraste es sorprendente. En las calles de la capital, dos mundos se encuentran sin verse el uno al otro. Por un lado, los que hacen las procesiones vestidos con colores llamativos, escoltan lentamente los mikoshi, esos santuarios portátiles que acogen a los kami (espíritus de la naturaleza).
En el centro del jardín del santuario se levanta un imponente arco hecho de paja tejida. Tienen que pasar este portal con un el muñeco que se te es encomendado. El absorberá las malas acciones no intencionales que hayas cometido en los últimos seis meses y te liberará de ellos. Te tomas una taza de té verde y ya tu cuerpo y mente estarán completamente purificados.
Simplemente me ha encantado poder ser parte de este festival, donde pude degustar distintos platillos elaborados por pequeños puestos de comida callejera.
Escrito por: Ligia Caldera
Publicado por: Luis Gan
Publicado por: Luis Gan

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